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Futbol Internacional

Jorge Félix, el cambio de vida del mejor jugador de Polonia

Madrid, 18 sep (EFE).- Empezar una nueva vida en otro país no siempre es tarea sencilla ni aun siendo el MVP de la liga polaca, reconocimiento que recibió el pasado curso el español Jorge Félix Muñoz (Madrid, 1991).

Sus buenas actuaciones con el Piast Gliwice, al que ayudó a terminar segundo, provocaron que recibiera '5 ó 10 ofertas en papel'. El ganador en esa puja ha sido el Sivasspor turco, conjunto que disputa competiciones europeas y que trae consigo una nueva realidad a la que está aclimatándose.

"Los aspectos más importantes son el nivel de vida, el dinero y el nivel del fútbol. Tengo 29 años y cuanto más pueda ganar ahora y ahorrar, mejor para mi y el futuro de mi familia. Pero no voy a irme a cualquier país por dinero. Creo que aún puedo jugar a un nivel de fútbol más o menos alto, aunque no sea el de Primera de España. El Sivasspor cumplía con todo eso", explica con sinceridad a EFE.

Ahora bien, una decisión implica consecuencias. Y aunque suele verse al futbolista como alguien capaz de dominar la escena en cualquier situación y ajeno a los problemas mundanos, no es sino ficción en algunos casos.

"Tenía un poco de incertidumbre porque no sabía dónde iba, cómo iba a adaptarme. La verdad es que ha sido un cambio un poco grande, necesito más tiempo. Poco a poco. Al final es tener la mente abierta, saber a dónde vienes, las costumbres de aquí", razona.

"Gliwice era una ciudad muy pequeñita, con poca gente y donde estaba todo muy tranquilo. A las siete estaba todo cerrado. Aquí hay un montón de gente por la calle, sales a la ventana a mirar a las doce de la noche y está todo lleno. Las tiendas abren a todas horas, puedes ir a cenar a las once de la noche", detalla sobre lo que se ha encontrado en un destino del que no conocía nada.

Son las conclusiones de los primeros días, tan importantes como lo ese viaje en avión rumbo a lo desconocido con mariposas en el estómago: "Fue todo un poco jaleo, aquí es todo un poco caos y va sobre la marcha. Iba a hacerme el reconocimiento a Estambul y cuando llegué allí me dijeron que tenía que ir a Sivas a pasarlo allí. Tuve que tomar otro vuelo, viajar dos horas en coche".

"Llegué a las tres o cuatro de la mañana. Al día siguiente fui al hospital. Allí no guardaban las distancias, había muchísima gente y me hicieron un montón de pruebas durante dos o tres horas. Al final fui al campo de entrenamiento, firmé y se acabó el calvario del verano", añade.

Para ese trayecto le bastó una maleta pequeña pero toda su nueva vida cabe en dos: "No he tenido que llevar muchas más cosas porque el club me da la casa y el coche. Abrigos no pude llevar porque me ocuparían toda la maleta, me compraré alguno aquí y ya está. Lo que me vaya faltando lo iré comprando".

A Jorge Félix le acompaña su novia, pero otros se quedan atrás: "A mi madre no le gusta que me vaya fuera. Yo siempre he jugado en Madrid y cuando terminé la carrera y los másters me fui a Lleida. Entonces ya me preguntó que qué iba a hacer allí. Luego me marché a Polonia y fue un drama, me dijo que si estaba loco por el frío que hacía y porque nadie hablaba inglés. En Turquía un poco más de lo mismo aunque creo que se lo ha tomado mejor", agrega.

Luchar por un sueño en la elite implica pues renuncias pero no le libra del 'horroso' papeleo: "Estamos en Turquía, esto es fuera de Europa. Solo puedo estar aquí tres meses como turista y si quiero estar más tengo que presentar lo del trabajo y me tienen que dar como un DNI turco. Para eso tengo que justificar que tengo trabajo aquí. Pero por ejemplo mi novia, que no trabaja aquí y no es mi mujer, solo puede estar tres meses. Necesitamos que le amplíen más".

"No sabemos ni qué tenemos que hacer. Tengo muchas cosas pendientes y vamos poco a poco. Justo hoy he tenido la tarjeta bancaria para poder usarla, la tenía bloqueada porque el código no funcionaba. Unos líos que no veas", apunta este futbolista con carrera y másters que aspira a ser técnico de Hacienda en el futuro.

Para todo, cuenta con un escudero de lujo: "Hay un traductor que nos ayuda con estos temas pero al final es un lío para él también. Su trabajo es ser traductor, yo hago entrevistas en español y él las traduce o me ayuda a entender al entrenador".

"Pero fuera del club, de los entrenamientos, no sé si su misión es ir al banco conmigo a hacerme una cuenta o darme un coche. Me ayuda pero tampoco creo que sea su trabajo. Dependo de él al cien por cien porque en ningún sitio he podido hablar en inglés, ni en un hotel. Está cansado de mi, yo creo (risas)", completa.

Es por eso que cree que aprender el idioma es esencial: "He empezado a estudiar un poco pero me está costando. Intento manejarme con el traductor de Google. Al menos tengo suerte porque en los restaurantes la mayoría de las cartas tienen fotos. Me basta con señalar lo que quiero (risas)".

"Entiendo al jugador que llega a un país y no hace el esfuerzo por hablar el idioma, pero no lo comparto. Sé que da mucha pereza, que piensas que te vas a ir en uno o dos años y que no merece la pena estudiarlo. Pero yo ya que vivo en un país y quiero adaptarme lo más rápido posible, estudiarlo me facilita la adaptación", dice.

Ni siquiera encontrar una casa es tarea sencilla, pese a que el club ayuda: "Esto es una locura, está todo alquilado. Me fueron a enseñar un piso y cuando llegué, lo estaba terminando de construir. Faltaba poner vitrocerámica, nevera, camas, televisiones... y era el último piso de Sivas, abrías la ventana y daba a la montaña. Dijimos de buscar otro y no me dieron ninguna solución. Al final tuve suerte, un compañero de equipo se va a otro piso y me deja el suyo".

Otra cosa es el vehículo: "No tuve opción. Me dieron las llaves, me hicieron firmar un papel y ya está. La verdad es que está bien, no me quejo. Es un Citroën C3 y a mi me gusta, es muy bonito. Ha sido lo mejor de aquí, lo más rápido".

Todo forma parte de un proceso complejo que no cuenta con la empatía de los seguidores, ansiosos de rendimiento inmediato: "Entiendo que los aficionados me quieran meter presión, que juegue bien desde el principio. Intentaré adaptarme lo más rápido posible".

"La adaptación depende mucho de cada persona. Hay personas que no se adaptan ni aunque pasen cuatro o cinco meses, se cierran en ellos. Pasó en el Piast Gliwice, vinieron jugadores que a lo mejor futbolísticamente eran buenos pero no se adaptaban porque no se encontraban cómodos en el vestuario, no entendían la actitud de las personas. Otros se adaptan el primer día", finaliza.

Carlos Mateos Gil

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